El mejor test de tu arquitectura es irte dos semanas
Ser el único que sabe algo tiene dos problemas: para la empresa sos un punto único de falla, y para vos es una jaula con buen sueldo. Lo que te hace difícil de reemplazar por un modelo es exactamente lo que te hace difícil de mover.
En todos los equipos donde trabajé hubo alguien que no tomaba vacaciones.
No porque no quisiera. Porque no podía. Si se iba dos semanas, algo se caía. Y todos lo sabían, incluido el jefe de turno, que además lo mencionaba con orgullo en sus reuniones.
Durante años pensé que esa persona era valiosa. Ahora creo que es un síntoma.
La contra de lo que vengo escribiendo
Las últimas semanas insistí bastante con una idea: el que sabe por qué está ese campo raro en esa tabla es la única fuente de algo que la empresa no tiene escrito en ningún lado. Sigo pensando que es cierto.
Pero hay una parte que no conté, y la parte que falta cambia bastante la conclusión a mi entender. Ser el único que sabe algo (de valor) tiene 2 problemas, y hay que mirarlos por separado.
- Para la empresa es un punto único de falla. Eso es obvio y todo el mundo lo acepta en teoría, aunque en la práctica nadie haga nada al respecto hasta que esa persona renuncia.
- Para vos es otra cosa, y es la que casi no se habla. Ser indispensable es una jaula con buen sueldo.
El que no puede irse 2 semanas tampoco puede cambiar de proyecto, ni moverse de área, ni pedir un ascenso que lo saque de donde está, ni aceptar algo mejor fuera sin sentir que está dejando un incendio. Su valor está enteramente atado a un lugar y a un momento. Eso no es seguridad laboral. Es una hipoteca disfrazada de reconocimiento.
Y la trampa es que se siente bien por un buen rato. Que te llamen siempre a vos, que nadie más pueda resolverlo, que tu nombre aparezca en cada escalamiento. Se parece mucho a ser importante. Hasta te sube el ego.
El test
Hay una forma bastante brutal de saber en cuál de los dos lados estás, y no requiere ninguna herramienta ni que pagues un curso. Andate dos semanas de verdad. Sin mirar el mail. Si volvés y todo siguió andando, construiste un sistema o tu empresa anda bien por sí sola.
Si te llamaron al tercer día, lo que construiste es una dependencia con tu nombre encima.
Lo bueno de esto es que funciona igual para una arquitectura, para un equipo y para una carrera.
Un sistema que necesita que vos estés mirándolo constantemente y si explota vos sos el único que lo corrige no es un sistema, es un proceso manual con más pasos. Un equipo donde solo una persona puede resolver cierta cosa no es un equipo, es esa persona con acompañantes. Y una carrera que depende de que nadie más sepa lo que vos sabés no es una carrera, es una posición.
Los tres casos se ven perfectos mientras nada cambie. Los tres explotan igual cuando algo cambia.
La paradoja
Acá es donde se pone picante la cosa, porque las dos son ciertas al mismo tiempo y te puede dar una crisis de ansiedad sobre la marcha si no estás bien preparado.
Lo que te hace difícil de reemplazar por un modelo es exactamente lo mismo que te hace difícil de mover: el conocimiento que está en tu cabeza y en ningún documento. El porqué de esa excepción, la razón por la que ese proceso se hace al revés desde 2014, el nombre de la persona a la que hay que llamar antes de tocar eso.
Mientras eso viva solo en tu cabeza, ninguna IA te toca (por ahora). Y ninguna otra oportunidad tampoco. Si lo escribís, ganás movilidad y perdés exclusividad. Si no lo escribís, conservás la exclusividad y te quedás quieto.
Entonces: mi pregunta tonta es esta: ser indispensable en la era de la IA, ¿es una bendición o una maldición?
Mi respuesta sin pensarlo mucho es que depende enteramente de una sola cosa: de dónde viene la indispensabilidad.
Si sos indispensable porque nadie más tiene la información, es una maldición con forma de elogio. Esa clase de indispensabilidad tiene fecha de vencimiento y no la elegís vos: se termina el día que la empresa decide documentar todo para alimentar a los agentes, y ese día va a llegar en casi todos lados.
Si sos indispensable porque sos el que decide qué se toca y qué no, es una bendición y encima es portátil. Te la llevás puesta a cualquier lado. La primera se te muere en las manos. La segunda se acumula.
Automatizar tu propio trabajo es un acto de egoísmo bien entendido
Hay una forma concreta de moverse de la primera a la segunda, y no es filosófica sino bien práctica.
Automatizá tu propio trabajo. Documentá tus propios procesos. Escribí el runbook de las cosas que solo vos sabés hacer. No lo plantees como generosidad con la empresa (no sos ninguna alma benévola por hacerlo), porque no lo es y además así no lo vas a hacer nunca. Planteálo como lo que realmente es: dejar todo documentado es invertir en que no te molesten.
Cada cosa que automatizás es una llamada que no vas a recibir un sábado cuando estás haciéndote unas pizzas. Cada proceso que dejás escrito es una interrupción menos en el medio de algo que sí importa. Cada tarea repetitiva que le pasás a un script o a un agente es tiempo que recuperás para la parte del trabajo donde tu criterio realmente mueve la aguja.
La gente que se resiste a documentar cree que está protegiendo su puesto. Eso era en los 80s o en los 90s. Hacerlo es en realidad estar firmando un contrato de servidumbre con su propia agenda.
Y acá aparece la parte que pocos tienden a hacer: no se trata de automatizar cualquier cosa. El juicio está en elegir qué se automatiza. Hay tareas que parecen repetitivas y no lo son, porque cada vez que las hacés estás mirando algo que ningún script va a mirar. Ahí la automatización no ahorra tiempo, esconde el problema hasta que revienta en producción. Esa distinción, saber cuál es cuál, es exactamente la clase de criterio que no se documenta y no se reemplaza.
Delegar la ejecución no es lo mismo que delegar el pensamiento. Es la diferencia entre tener una máquina que trabaja para vos y ser el operario de una máquina que no entendés.
Por qué esto te puede importar
Ahora poné esto al lado de lo que está pasando en cualquier empresa este año.
Todo el mundo está tratando de documentar el contexto del negocio para que los agentes puedan trabajar con él. Mapear procesos, escribir reglas, explicitar el porqué de las cosas. Y mucha gente con años de oficio lo vive como una amenaza, porque siente que está escribiendo el manual de su propio reemplazo.
Entiendo la sensación y no me parece paranoica. Pero creo que confunde dos cosas distintas. El que sabe por qué está ese campo ahí y lo escribió sigue siendo el que decide qué se toca y qué no, el que detecta cuando algo no cierra, el que dice "esto no lo automatices todavía". Ese tipo es más valioso después de documentar, no menos, porque ahora puede moverse y llevarse el criterio con él.
El que sabe por qué está ese campo ahí y no lo escribió nunca es frágil de las dos maneras a la vez: no puede irse, y el día que igual lo saquen, no se lleva nada que sea demostrable afuera.
Además, lo que no documentás no desaparece: se convierte en deuda de otro. Los programas Z que hoy nadie entiende también fueron, en su momento, la garantía de empleo de alguien. Esa persona ya no está. El código sí. La exclusividad es una defensa que funciona hasta que deja de funcionar, y cuando deja de funcionar te encuentra sin nada.
Antes de que me des la razón
Te voy a listar 2 cosas en contra de todo esto.
- En una empresa mal manejada, documentarte a vos mismo hasta dejar de ser exclusivo puede efectivamente hacerte prescindible. No todos los lugares premian al que ordena el conocimiento. Algunos simplemente aprovechan y después recortan. Si trabajás en uno de esos, este consejo tiene un costo real y conviene medirlo antes.
- La ansiedad del que no toma vacaciones no siempre es por arquitectura. A veces es carga de trabajo pura, y ninguna documentación arregla que seas dos personas haciendo el laburo de cinco. Ahí el problema es de dotación, no de diseño, y confundirlos hace que la gente se culpe por algo que no depende de ella.
Lo que voy a hacer yo
La semana que viene me tomo vacaciones. Sin laptop, de verdad.
Voy a hacer el test, y con honestidad no sé cómo me va a ir. Uno escribe estas cosas con más seguridad de la que tiene un martes a la mañana. Pero hay algo de lo que sí estoy seguro, y es lo único que quiero que te lleves de todo esto si es que no te pusiste a scrolear y seguís acá leyendo:
Si tu única forma de ser importante en tu trabajo es que nadie más pueda hacer lo que hacés, entonces no sos el dueño de tu carrera. Sos el rehén de tu puesto.
Y la diferencia entre las dos cosas se nota recién cuando intentás irte.
Pablo / En Producción
P.D. Esta es la última edición hasta dentro de dos semanas. Ventana de mantenimiento planificada "En Producción", avisada con anticipación y con el sistema andando solo. Que es, más o menos, de lo que se trataba todo esto.
P.D.2 No me extrañen... sino cualquier cosa estoy en IG.
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