The Full Stack Human··6 min de lectura

Corro hace 16 años. Todavía no llegué.

De 4:26 a 3:19 en menos de un año, y una lesión que probablemente me deje afuera del maratón 20. Por qué el que hace un deporte de resistencia entiende algo sobre sobrevivir a la IA que el que solo lee difícilmente capte.

Hace dieciséis años me puse a correr. Cinco meses después largué mi primer maratón con el objetivo de bajar de cuatro horas. Todo el mundo me dijo que estaba loco, que no era normal hacer eso con tan poco tiempo de preparación. Hoy ves a "influencers" haciéndolo para la cámara sin haber corrido en su vida, pero ese es otro cuento.

Hice 4:26. Llegué destruido, caminando los últimos kilómetros y con calambres hasta en las orejas, preguntándome en qué momento me había parecido buena idea.

Ocho meses después corrí Berlín. Hice 3:19.

De 4:26 a 3:19 en poco menos de un año. No porque apareció el talento de golpe, sino porque entre esos dos maratones hubo algo que no se ve en ninguna foto de llegada: cientos de kilómetros a solas, en horarios incómodos, sin nadie mirando (no había Instagram y éramos más felices). Muchos de esos días sentía que el esfuerzo no estaba sirviendo para nada. Pero ese trabajo invisible fue el que partió la piedra.

Te cuento esto porque estoy a menos de 12 semanas de volver a correr Buenos Aires por 5ta vez, el que sería mi maratón número 20, y lo más seguro es que no llegue. La lesión que arrancó en enero volvió.

Y aunque escribo mucho sobre criterio y sistemas, hoy quiero hablar de la otra mitad de la ecuación: por qué el que hace un deporte de resistencia entiende algo sobre sobrevivir a la IA que el que solo lee, difícilmente capte.

Los dos que fui

Antes de correr, yo era otra persona. Full-stack developer y de los que van al gimnasio solo cuando se acercaban las vacaciones. Hacía el trabajo operativo, cumplía, flotaba. El deporte era estética de temporada y el trabajo era una lista de tareas que se terminaban y se olvidaban.

En algún momento pasaron dos cosas que hoy entiendo que fueron la misma decisión: empecé a correr en serio, y entré al mundo SAP al poco tiempo. De un plumazo cambié amistades y compañeros de trabajo; un cambio radical, pero necesario en ese momento.

No es casualidad que hayan sido juntas. Ambas fueron la misma elección de fondo: dejar de hacer cosas que se terminan y se olvidan, y empezar a hacer cosas que te construyen.

Correr no es una tarea que tachás de una lista. Es una práctica que te cambia a vos mientras la hacés. Y entrar a SAP, para mí, fue lo mismo en lo profesional: dejar de teclear código que resolvía el problema de hoy y meterme en algo que exigía entender sistemas, procesos, y el negocio detrás. Dejar de ejecutar para empezar a comprender.

El que corre y el que entra a un dominio complejo a propósito son la misma persona: alguien que decidió que no le alcanzaba simplemente con "flotar".

El entrenamiento que no se ve es el único que cuenta

Acá está el puente con la IA, y es más literal de lo que parece.

En el maratón, el trabajo que te transforma es el invisible. Nadie te aplaude en el kilómetro 12 de un martes cualquiera. No hay foto ni medalla. Y, sin embargo, ese kilómetro es el que te hace. La carrera del domingo con la multitud gritando es solo donde cobrás lo que ya construiste en soledad.

Con la IA pasa exactamente lo mismo, y la mayoría lo está haciendo al revés.

La forma fácil de usar la IA es la operativa: pedile que resuelva la tarea, copiá el resultado, entregá y olvidá. Es el equivalente a ir al gimnasio solo antes de las vacaciones. Cumplís, se ve bien un rato, y no te queda nada. No aprendiste, y la próxima vez dependés igual de la máquina.

La forma que te transforma es la otra: usar la IA como entrenamiento. No solo para que haga, sino para entender cómo lo hizo. Preguntarle por qué eligió ese enfoque, discutirle, hacer que te explique lo que no sabés (que es mucho, aunque la máquina te dé la razón). Quedarte con el criterio y no solo con el output.

Ese es el kilómetro invisible del martes. No luce y es más lento que copiar y pegar. Pero es lo único que, dentro de un año, te dejará siendo alguien a quien la máquina no reemplaza.

No flotar por flotar

Hay una tentación, sobre todo cuando tenés años detrás de las trincheras, que es dejarse llevar. Hacer el trabajo que viene, cumplir, cobrar, repetir. Y con la IA esa tentación se volvió más peligrosa que nunca, porque ahora podés flotar más rápido y con mejor terminación. Podés producir el doble sin entender nada, y que se vea bien.

Ese es justo el momento donde te volvés reemplazable. Te estás cavando tu propia fosa sin darte cuenta.

El mindset del que entrena aplica a todo. No se trata de "esforzarte más" a lo David Goggins así porque sí. Se trata de no aceptar lo que te viene de arriba sin filtrarlo. Ni del jefe, ni del vendor, ni del keynote, ni de la propia IA.

Preguntate siempre qué sirve de verdad y qué es puro hype. Aprendé a diferenciar eso.

Desarrollá el sentido crítico como quien desarrolla base aeróbica: con kilómetros invisibles, día tras día.

Por eso nació este espacio. Above Average no es un lugar para leer qué hizo SAP esta semana. Hay mil newsletters para eso o post hechos con IA. Esto es un recordatorio de que leer lo que pasó no alcanza. Hay que meter mano, probar qué funciona, equivocarse y negarse a ser conformista. Leer es mirar el maratón por la tele. Correrlo es otra cosa.

Lo que viene

Es casi seguro que no voy a correr mi maratón 20 en 12 semanas. A los cuarenta y pico la biología no negocia. Duele, porque venía con la ilusión del número redondo este año.

Pero el entrenamiento de 16 años no se cae porque se caiga una carrera. La capacidad sigue estando. El deporte para mí nunca fue una carrera puntual: es un segundo trabajo, el lugar donde me reinvento y me obligo a seguir siendo competitivo. Y esa lógica es la misma que aplico a lo profesional.

El maratón para el que entrenaste puede cancelarse. La tecnología que dominás puede volverse irrelevante. Tu rol puede desaparecer. Nada de eso está bajo tu control. Lo único que controlás es si seguiste entrenando cuando no había garantías.

Corro hace 16 años y todavía no llegué. Ese es el punto. Nunca se llega. Se sigue entrenando y aprendiendo no importa lo que te pase.

Nos vemos en el kilómetro invisible.

Pablo / Above Average

P.D. Si estás flotando por flotar, en el trabajo o en los championes, este es tu recordatorio de que el kilómetro que no se ve es el único que cuenta. Etiquetá o reenviáselo a alguien que necesite leer esto hoy.

Newsletter

Para el profesional tech que no quiere quedar obsoleto.

Cada semana: una dosis de criterio sobre SAP, IA de frontera y rendimiento humano. Sin motivación barata.